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Mostrando entradas de enero, 2017

Perdidos

Perdernos, estar sin un rumbo, saber adonde queremos ir pero no conocer el camino suele causarnos desolación, abatimiento, y, hasta en algunos casos, no encontrar la salida puede acabar con nuestra vida, o peor, con nuestra esperanza.
Podemos perdernos de manera literal, física, cuando en un lugar que no conocemos nos alejamos de la civilización. Solos, en un lugar desconocido, somos presa fácil del desánimo, de la desorientación, del hambre, del frío, del calor. Si la situación no se remedia en poco tiempo, salvo excepciones, podemos sucumbir a los peores enemigos, entre los cuales se encuentra la muerte.
Sin embargo, perderse en un mar de emociones puede ser igual o más devastador que perderse de manera física. Y el mayor inconveniente es que puede ser que nadie se dé cuenta de que estamos perdidos, a la deriva. Sin ayuda, sin rumbo, sin destino al cual llegar, enemigos más crueles que la muerte pueden asaltarnos, como la desesperanza, la desolación, el remordimiento, hasta el odio.