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Inexplicable

El que diga que el cerebro es lo más complejo que existe, no ha ahondado en los sentimientos y congojas del ser interno. Algunos dirán que ese ser interno es parte intrínseca del cerebro. Yo les diré que es parte de la vida del ser humano, mientras viva, lo llevará con él. ¿Está en el cerebro? ¿Reside en el corazón? ¿Se lleva en la sangre?
Pero el asunto es, ¿acaso importa?
Allí está. Hay días que nos brinda una felicidad indecible, puede ser afectado por situaciones externas, aquellas que esperamos, aguardamos y finalmente suceden, o aquellas que no las esperamos, y son las sorpresas más bellas de la vida. También nos puede brindar felicidad sin que pase nada extraordinario en nuestro alrededor, sin que suceda nada que esperemos o no, simplemente sucede el hecho de existir, de convivir con esa otra persona que reside en nuestro ser, con el que compartimos el camino que conduce desde que recordamos nuestras vivencias, hasta que no haya más recuerdos, por eso lo podemos llamar el camino de la memoria. Felicidad explicable o inexplicable, es un sentimiento que nos hace creer que no nos hace falta nada más, que ya lo tenemos todo, y que si podríamos decidir donde parar en nuestra vida, y que ese momento sea eterno, ese sería el momento elegido.
También, este ser interno, a veces nos juega una mala pasada. Es cierto que hay situaciones que lo afectan profundamente, que lo machacan y lo tumban, y por consiguiente nosotros también caemos en consecuencia. Nos vemos desbordados de tristeza, de dolor, de una profunda desazón. Pero en esos momentos somos conscientes que hay un explicación "razonable" para estar así.
Así como hay momentos de felicidad inexplicable, hay momentos de tristeza y desazón que no encuentran otra explicación que el hecho de existir. Para sentir, tenemos que existir y ser capaces de tener una comprensión de nuestro yo y nuestro entorno. Tenemos todo eso, pero no comprendemos. No comprendemos esa desazón, ese sentimiento de no sentir. Queremos que termine, con lo que no decimos que no queremos vivir. Pero todos estos razonamientos solo suceden cuando no le encontramos explicación a una tristeza inexplicable, no así a una felicidad inexplicable.
Aunque parezca irrazonable, actuamos distinto ante situaciones que pudiéramos catalogar de similares, son situaciones inexplicables las dos. Una nos mueve a estar en un estado casi de éxtasis, la otra en una situación patológica de preguntarnos por qué nos sucede eso y qué hacer para cambiar eso que nos pasa por dentro, donde nadie sabe qué sucede, ni nosotros mismos.
Sin embargo, si me preguntan a mí, ambas son caras de la misma moneda. Démosle el nombre de locura, o cual sea, es el ser interior que tenemos dentro. No comprendemos esa felicidad o esa tristeza simplemente porque ese ser tiene una carencia. Y no sabe explicarlo. Trata de comunicarse a gritos, gritos de felicidad, gritos de tristeza, gritos de dolor, pero generalmente el origen es el mismo, la falta de algo.
Esa carencia es interna, no es que nos falta algo en nuestro entorno.
Podemos ser las personas más completas del mundo vistos desde afuera, pero por dentro, ser como un carenciado en todo sentido.
¿Qué le faltará a ese ser interno que nos habita? ¿Le faltará que lo amemos más? ¿Que le demos alimento de primera calidad? ¿Le faltará que le hagamos un poco de compañía?
Preguntas y más preguntas, que no tienen respuesta.
Este camino de la memoria que estamos transitando, no siempre es lógico, no siempre es razonable, pero siempre tendremos a nuestra ser interno.
Quizá con encontrar a otro ser, que tenga una felicidad inexplicable, podremos suplir esa carencia, que a gritos pide el nuestro de una manera inexplicable.

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